Los visionarios son personas capaces de anticipar el futuro, de adelantarse a su tiempo.

Este adjetivo ha sido aplicado a numerosos artistas desde la el Romanticismo por la presencia de elementos fantásticos o pertenecientes al mundo de los sueños en sus obras.

Muchos artistas y escritores han partido de fantasías, llegando a convertir el género de ciencia ficción y de aventuras en un posible precursor de las ideas que darán forma al estilo de vida y las tecnologías del futuro (como hiciera ya Julio Verne en sus novelas científicas en obras como De la Tierra a la Luna, 20.000 leguas de viajes submarino, La isla misteriosa o Cinco semanas en globo, entre muchas otras), anticipándose a la difusión de inventos como las armas de destrucción masiva, el helicóptero, las naves espaciales, los grandes transatlánticos, las muñecas parlantes, Internet, los motores de explosión y el ascensor, acercando a la juventud los descubrimientos más recientes de su época. Así mismo, Verne es un gran inspirador del espíritu visionario, ya que se anticipó, por ejemplo, a medios de transporte con una velocidad superior a 1.500 km por hora, y al que se le reconoce la visión de anticipar futuros descubrimientos como las fuentes del Nilo, la conquista de los polos, los gobiernos totalitarios que tanto darán que hablar en la literatura del s. XX y la gran llegada a la luna por parte del hombre.

Lejos del mundo del arte, el liderazgo visionario es una cualidad que trasciende a las industrias y a las empresas, y hace referencia a líderes eficaces que mantienen un conjunto de habilidades que les permite guiar a un equipo, con una inclinación natural hacia la ayuda y la resolución de problemas.

La mayor parte de los diccionarios que podemos consultar definen a los visionarios como personas que son capaces de creer firmemente en algo que no existe, como si de una fantasía o delirio se tratase, atribuyéndoles adjetivos sinónimos como ‘soñador’, ‘idealista’, ‘quimérico’, ‘ingenuo’, ‘iluminado’, ‘iluso’ e incluso ‘utópico’, calificativos que no dejan a estos personajes en una posición muy valorada socialmente.

En cambio, ¿qué sería de los avances del mundo en cualquier materia si no fuese por la presencia de estos tercos seres fantasiosos y soñadores? La tecnología y, por tanto, las empresas se unen en este punto con la creación literaria, cuya tarea común no es otra que la de imaginar otros mundo posibles. Cuando un equipo creativo de cualquier empresa o grupo de investigación se reúne con el objetivo de lanzar una lluvia de ideas que les lleve, bien a la resolución de un nuevo problema emergente, bien a la previsión de dificultades o bien a la creación de un producto innovador y que no se haya inventado antes, son como el artista que inventa posibles realidades alternativas para sorprender y agradar al mundo. Y es precisamente este riesgo visionario y creativo el que permite avanzar en cualquier ámbito de nuestra sociedad, sin la seguridad exacta de que aquello que se imagine y proyecte vaya a llegar efectivamente a buen puerto. Pero lo cierto es que la labor de estos visionarios es imprescindible para impulsar el gran motor que mueve el mundo.

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